sábado 5 de diciembre de 2009

Hip-hop palestino

Buscando un poco de punk rock ucraniano me econtré con DAM, unos palestinos que hacen hip-hop. Son de una ciudad israelí que se llama Lod, que por lo que llegué a leer es un lugar bastante céntrico, con lo cual la situación de ellos es bastante distinta a la de los refugiados palestinos de la Franja de Gaza o de Cisjordania. Sin embargo, aprovechan la música para expresarse contra el apartheid y otras formas de humillación que reciben quienes son considerados extranjeros y personas non gratas en su propia tierra. Los títulos de los temas del último disco, "Dedication", clarifican un poco el tema: "I don't have freedom", "Change tomorrow", "Freedom for my sisters" y "Stranger own my country" van derecho al tema en cuestión. Este disco, el único que escuché, me pareció interesante, buenas bases rítmicas, varias voces agregadas a los tres integrantes y mucho pero mucho olor a música árabe. No dejan de lados ciertos clichés que denotan los sonidos de sus raíces folklóricas.
El movimiento que se gesta en esta zona de Medio Oriente se completa con varias otras bandas: "G- Town", "The Palestinian Rapperz", "We7", "The Freedoms", "Ramallah Underground", "The Black Army", "S.B.R. Street Band Rappers " y "DFM Da Funk Mcs" comparten la escena en lugares como Jerusalem, Nazaret, Cisjordania y el Líbano. En este contexto, DAM pareciera ser la banda con más proyección fuera de sus fronteras, "apadrinados" por el combativo Fermín Muguruza. El tomar al grupo como una forma icónica de la resistencia palestina no debería perder de vista su calidad. La postura que se adopta del hip-hop como estilo musical de protesta, ya sea en Palestina, Brooklyn o Dock Sud, no deja de mutar. Igualmente, debe ser de los estilos que más expresiones abarca, usado para denunciar abusos políticos o para hablar de relojes y pulseras de miles de dólares, para hablar de la resistencia de los explotados o para contar la cantidad de tapados de piel de un "rey del rap".

Dejo linkeado el video de "Meen Erhabi" ("Who's the Terrorist?") porque no lo pude subir...

lunes 23 de noviembre de 2009

Aquellos rusos aporteñizados...

Estuve una semana debatiéndome entre comprar un libro o no con el resto que me quedaba de la tarjeta de crédito. El panorama era alentador, el saldo para gastar era de $ 50, todo por una cuestión de autocontrol que uso habitualmente y sin el cual estaría en bancarrota. Webeando me encontré con “Los amigos soviéticos” de Juan Terranova. Entonces, volviendo del laburo, me bajé en mi librería de costumbre de Rivadavia y Castro Barros y adquirí dicho producto (con sonido a fetichismo de la mercancía). La trama se centra en diálogos y situaciones entre Volodia, un inmigrante ruso de la última oleada, y su amigo argentino, quien narra la historia en primera persona. (Aclaro que tengo una particular intriga por esa marea de lituanos, ucranios y demás ex soviéticos que empezaron a llegar post caída del muro, recordando siempre a la primera ucraniana que me crucé en Buenos Aires, una moza de un restaurante de la zona de Microcentro). Los soviéticos de Terranova son tal cual uno los ve, pero también como uno los imagina en el trato.
Volodia, el protagonista extranjero de la novela, trabaja en un laboratorio en La Plata, pero vive en Congreso, frecuentando Avenida de Mayo, Sáenz Peña, Santiago del Estero y toda calle de las que uno se encuentra en la zona. Los lugares que se describen son familiares (hasta los nombres de los restaurantes chinos) y los comentarios del hombre de Europa del Este con su amigo argentino también. Las charlas van y vienen entre Perestroika y conflicto del campo, desde Yuri Gagarin hasta una cochera de la Avenida Rivadavia, sin dejar afuera a Ginobili, Nocioni y una banda de punk rusa símil de La Polla Records. Todo llega en bandeja y cada tema fluye sin perder una cadena de asociación que no deja de relacionarse cual cuentitas de un Rosario. Y así nos enteramos de que el subte E es el subte es el subte más soviético de todos, y que los bolcheviques argentinos son los más cocainómanos en su raza. Libro agradable, sensible y de rápida lectura, son doscientas paginas que se comen como una porción de fugazeta.

martes 13 de octubre de 2009

Un extraño mercado de almas

Hoy vecinos de la Isla Maciel cortaron el Puente Avellaneda por el asesinato de una chica. Eso dicen los diarios, eso dicen los noticieros, eso dicen las radios. Pero la trascendencia no es la muerta de la chica, es el corte. El bendito corte que no nos deja llegar a casa. Villeros de mierda. Y el chico que mataron en Tigre? Ese SÍ es un asesinato de verdad, esos SÍ fueron asesinos. Justicia! Como se atreven a matar a un chico con alma de boy scout? A ese chico que “colaboraba con nosotros” (Massa dixit). Importa tres carajos que maten a una chica, que no es una chica del todo porque es villera, y el pueblo argentino se moviliza por un pibe en Zona Norte. ¡No me jodan! La vida tiene precio, no me mientan. No me mienta, señorita opinión pública.¿Pero la opinión es pública? Si es de la radio, la tele y el diario... Sí, sí, es pública porque todos nos sentimos representados. Ese sentimiento de identidad que hace del paradigma de la clase media la creadora de la moral. Boludos! La moral la crea el poder, y ustedes no tienen el poder. Pues entonces quien lo tiene? Lo tienen ellos, que dicen lo que dicen. La clase media no toma merca. La clase media labura carajo! Y los villeros? Los villeros son hijos de ese español, como se llama? Ah! Paco, si, Paco. Y tienen hijos de a montones (montones porque son cosas). Y Paco es un padre feliz.
Cual es la verdad de la milanesa? La verdad es que todos tenemos precio. Pero déjenme elegir que compro. Si el joven clase media/estudiante/cruza viejitas en semáforos o al negrito que toma vino y escucha cumbia. O a ninguno de los dos. Hay ghettos? Sí, hay ghettos porque hay diferencias. Y no nos podemos mezclar. Pero quien le pone precio a la vida? El mismo que le pone precio a las golosinas. El Beldent que venden en Almagro a $ 1.50 es distinto al de Junín y Las Heras porque ese sale $ 2.00. Son más caras las putas de Recoleta que las de Flores. Y ni hablar con las de la Maciel.

Hay que regular el mercado de la vida. Regulamos con el Estado? Nose, no soy economista.

La chica no tenía cara, no tenía brazos, ni tetas ni culo

De qué murió la chica?

La intro del show

En estos días estoy bajando compulsivamente los capítulos (hoy se le diría "temporadas") de la Pantera Rosa. Como ya los estuve subiendo a facebook, preferí limitarme a la presentación del programa, lo cual no es menor. Desde la música hasta las imágenes encuadradas, desde el piloto del auto hasta la llegada con el Inspector, todo esta en su lugar.

video

La entrada de la batería es memorable...

Trailer apoteótico...

miércoles 30 de septiembre de 2009

Sobre la fachada de Goffman (breve apunte)

En "La presentación de la persona en la vida cotidiana", Goffman utiliza la metáfora teatral para hablar de ciertos métodos de interacción social que tiene el individuo, principal razón por la que el texto aparece como una introducción a lo macro y ubica su teoría en la dimensión de la microsociología. El paralelismo de la fachada en las relaciones sociales da al individuo el carácter de actor, es decir, la intención de manipular a una audiciencia determinada y tratar de producir ciertos efectos de acuerdo a las conveniencias particulares. Hay una suerte de construcción social de un rol determinado, lo que también pone en juego preconceptos sociales. La influencia del medio no escapa a la elección de la fachada, está claro que el contexto determina y produce sentido. Las acciones individuales en los distintos grupos varían, produciendo una suerte de adecuación al entorno, sea en las relaciones laborales, familiares o de amistades. La crítica más grande al concepto de la fachada radica en el grado de importancia dado a este entorno. Aquellos detractores de la influencia individual resaltan la importancia exógena a las relaciones particulares, por lo que se oponen a la total trascendencia del actor.