miércoles, 6 de abril de 2011

Jello Biafra: moscas en la sopa yanqui

"No se supone que haya izquierda en los Estados Unidos: al menos no en el mismo sentido ni con la misma fuerza con que hay izquierda en el resto del mundo. Sin embargo, es vital convertir el debate sobre el futuro de la izquierda en un debate estadounidense." Ampliando este concepto en el capítulo "Estados Unidos: la esperanza del hombre común" de su libro "La alternativa de la izquierda", el brasileño Roberto Mangabeira Unger pone sobre el tapete la franca idea del desarrollo social y político de aquel país. En un modelo bipartidista de derecha representado por la alternacia en el poder de demócratas y republicanos, las negociaciones financieras y el cerco hermético de un sistema parlamentario visiblemente irremplazable en su status quo, las variantes ideológicas (en su ontología) se presentan en casos minoritarios. Quienes supimos admirar de adolescentes a Jello Bifra, voz cantante de Dead Kennedys en los 80's, vislumbramos que letras como "Kill the poor" o "California Uber Alles", por citar dos de miles, no eran simples adornos de fanzines punk. El activismo político de Birafra lo llevó, incluso, a presentarse en elecciones para candidato a gobernador de San Francisco. Recientemente, con la asunción de Obama a la presidencia, se encargó de demostrar que desde un análisis simplista de los puntos estratégicos de la actualidad estadounidense, se pueden unir los senderos de la política expansionista exterior, la crisis financiera de la burbuja inmobiliaria o las leyes inmigratorias. Estoy cerca de decir que el rigor y capacidad analítica de esta carta no tiene nada que envidiar a los últimos libros que leí sobre el tema: "La guerra y la paz en el siglo XXI" de Hobsbawn y "Estados fallidos" de Chomsky. Atenti con Bifra...
LA CARTA






PD: es la edición argentina, con una presentación no muy esclarecedora de Alfredo Rosso (y no es por Alfredo)

miércoles, 30 de marzo de 2011

Hermes, "El proceso" y Zizek

Si existe la esencia del alma, la mía es sencillamente burócrata. Es decir, mi propia entropía está conformada por un estructuralismo extremo. Y no es una contradicción, ¡son las dos caras de Jano!. Entonces, me manejo con una conciencia matemático-cartesiana cuyos males en la vida son un resumen de tarjeta de crédito con una compra cargada que nunca realicé, una nota de una materia aprobada en la facultad que no aparece en el sistema o un débito duplicado en un préstamo personal. Pero muchas veces me pregunto cual es el rol de la burocracia, que es ser un burócrata. ¿Fue solamente la URSS un Estado burocrático? ¿No son todas las naciones, del mismo modo, producto de la "voraz" burocracia? Leyes, decretos, sanciones, convenios. Listas de precios, contratos de trabajo, boletines oficiales. Seguros de todo tipo. Números: carnet de asociado de una obra social, de un club de fútbol o de una ART. A riesgo de no salir nunca de este laberinto, encontré una luz en Slavoj Zizek para entender un poco más de que se trata todo. Si bien su objetivo no es desasnar dudas acerca de estos conceptos, lo logra mediante "El sublime objeto de la ideología"*. En este texto, más precisamente en el capítulo "Cómo inventó Marx el síntoma", Zizek habla acerca de conceptos tales como el fetichismo de la mercancía, la máscara ideológica o del mundo estructurado en fantasía. ¿Cómo defender, desde estos términos, la idea de una burocracia omnipotente? Fácil. Como punto de partida, tomar la noción de fetichismo en el ámbito de lo social. Simplificando la ecuación, se puede mencionar lo siguiente: en el intercambio comercial, un billete de $ 100 vale más que un kilo de bananas. Si uno se detiene a pensar, la utilidad o valor intrínseco de cada uno es claro: el primero, antes de adoptar la forma monetaria, es un simple papel. Por su parte, el kilo de bananas sirve para una necesidad alimenticia que incluso puede formar parte de una dieta primaria. Más allá de esto, y de ser concientes de ello, en el intercambio actuamos "como sí" ese billete valiera por varios kilos de la fruta mencionada: somos fetichistas en la práctica, mas no en la teoría. Y es esto a lo que apunta Zizek. Sabemos racionalmente que la burocracia no es todopoderosa, pero actuamos efectivamente con la creencia de que si lo es. La realidad social se apoya en un "como sí": como si el presidente fuera la voluntad popular, como si la burocracia fuera omnipotente. En cuanto se pierde la creencia, la realidad social se desintegra. "La creencia sostiene la fantasía que regula la sociedad" remarca Zizek. Y entonces toma el ejemplo de "El Proceso" de Kafka: se aduce que el autor checo exagera con la imagen de lo burocrático, pero la puesta en escena de la fantasía opera en la realidad social. Y esa realidad social se apoya en la fantasía ideológica. Posteriormente, Zizek utiliza a Pascal y su concepción de que no obedecemos por convicción: no es obediencia real, ya que está medida por nuestra subjetividad. No obedecemos a la autoridad, sino que seguimos nuestro arbitrio, que nos dice que a la autoridad hay que obedecerla porque es buena. "Encontramos razones que justifican nuestra creencia porque ya creemos, no es que creamos porque hayamos buenas razones para creer", apunta el autor. La respuesta final de Pascal: abandona la argumentación racional y sométete al ritual ideológico. Por último, no me olvido de Hermes. Porque no hay más que ver un capítulo de Futurama para entender de qué hablamos cuando hablamos de burocracia. Simplemente, hay que levantar en andas a este personaje. *Zizek, S., "El sublime objeto de la ideología", S XXI, México, 1992

lunes, 10 de enero de 2011

Engels, el tapado

En un momento tuve la fantasía de que Marx era un invento del propio Engels. Ya no la tengo. Por otro lado, me gustaría reproducir una nota al pie del mismo Friedrich en "La ideología alemana":


"Permítaseme aquí un comentario personal. Últimamente, se ha aludido con insistencia a mi participación en esta teoría (materialismo histórico); no puedo, pues, por menos de decir aquí algunas palabras para poner en claro este punto. Que antes y durante los cuarenta años de mi colaboración con Marx tuve una cierta parte independiente en la fundamentación, y sobre todo en la elaboración de la teoría, es cosa que ni yo mismo puedo negar. Pero la parte más considerable de las principales ideas directrices, particulamente en el terreno económico e histórico, y en especial su formulación nítida y definitiva, corresponden a Marx. Lo que yo aporté -si se exceptúa, todo lo más, dos o tres ramas especiales- pudo haberlo aportado Marx aún sin mí. En cambio, yo no hubiera conseguido jamás lo que Marx alcanzó. Marx tenía más talla, veía más lejos, atalayaba más y con mayor rapidez que todos nosotros juntos. Marx era un genio; nosotros, los demás, a lo sumo, hombres de talento. Sin él la teoría no sería hoy, ni con mucho, lo que es. Por eso ostenta legítimamente su nombre."


jueves, 30 de diciembre de 2010

Mi cocina como caja de Pandora II

Le alcanzo un Atlas que tengo y el tipo me señala un lugar. "Irán, Irán", balbucea. Quizás por eso me pidió levantar una granja en mi propia cocina. (Todo lo interpreto con las señas que me hace, su idioma es muy confuso para mí, quizás sea hebreo o algo parecido). Recuerdo que en la escuela secundaria me insistían con el nacimiento de la civilización en el oriente medio y la medialuna fértil que se formaba en la zona. Eso, más el video "Do it again" de los Chemical Brothers, me hicieron recordar la importancia del ganado para sus habitantes. Entonces le ofrezco el lavadero para que tenga una cabra y, por el momento, se maneje con eso. Todavía no contestó a mi propuesta. Necesito que la acepte porque lo veo ansioso y eso me preocupa.

jueves, 23 de diciembre de 2010

Dos paradigmas, un movimiento (ensayo a revisar)

El punk tiene marcadas orientaciones. La idea entonces es tomar dos corrientes: aquella comandada por grupos que marcan una tendencia en la estética del arte, por caso los Sex Pistols, Buzzcoks o incluso Damned, más cercanos desde la imagen al dadaísmo que al rock de la época, y por otro, el irrumpimiento que encabeza The Clash. Este último en su relación con el rocksteady, con una posición más orientada a la crítica político-social. Cabe la aclaración del término "política" como significante flotante y su segmentación en dos procesos, simplemente calificatorios.

Parte I: La época del arte como reproductibilidad técnica, pero sacrilégica

Los vanguardistas inclinados a la rebelión de arte, conjuran la política con un costado revolucionario crítico hacia la jerarquización artística que, de manera taxonómica, decide pretenciosamente que se desecha y que no en términos valorativos. Contra esto, el punk arremete con el "hágalo usted mismo": no hay que saber tocar eruditamente para formar una banda, el rock es libertario y la sociedad del espectáculo que acartona los géneros sucumbe. La industria cultural es la mismísima mierda. Mc Laren se llenó los bolsillos con los Sex Pistols, pero el mensaje no era excatamente la supresión de un capitalismo acabado, sino apedrear los lineamientos pactados por aquellos sectores que se autoproclamaron meritorios de llevar la corona y el bastón de lo que las personas debían consumir. La imagen parte en mil pedazos los modelos de lo vendible, y las crestas o alfileres de gancho en el cuerpo atraviesan la nueva escena. Esto es política. El nuevo glam desde New York Dolls hasta los Mifits, es político. Me permito entonces hablar de una estética vanguardista.

Parte II: El monólogo de los Clash

En cuestión de cronologías, amerita en una segunda parte referenciar a una nueva corriente que apela a otro sentido en la circulación y recepción del punk: la crítica social y política. En los primeros "terroristas" del arte lo que se cuestinaba eran las corrientes de poder en su totalidad, sin apelar a actores sociales diferenciados. La autogestión era para todos: todos pueden hacer todo, y quienes dirigen la sociedad como un ente totalizante no comandan ninguna razón. El arte heredaba los conceptos libertarios de la anarquía. A las claras, el punk era el síntoma en términos de Zizek. Y lo seguirá siendo a principios de los 80' con The Clash: el punk es de los oprimidos, de la clase obrera inglesa, de la pobreza de los barrios más deplorables de Kingston. La contratapa del disco "The Clash" en los suburbios, la letra de "Police and thieves" y las manifestaciones de los trabajadores en Londres sirven como expresión, al igual que los ritmos de los oprimidos en "Sandinista". La política en estado puro, centralizando la protesta. Música para las masas, pero para las masas postergadas. La TV oprime, hay que salir a la calle a ganarse el lugar ("Negro o blanco a encenderlo, se enfrentan a la nueva religión. Todos sentados alrededor de la televisión. Londres se quema!") Las letras encabezan, la estética rockabilly acompaña.

Argentina: rock de protesta y decáda infame

En la Argentina, el punk va de la mano con el comienzo de los 80', la dictadura decandente y los primeros gritos de rabia en el rock. Por esos tiempos, bandas como Los Laxanates, Los Baraja o Los Violadores exploraban el submundo de lo alternativo y se enfrentaban a los intentos hegemonizantes de encasillar la música creciente y joven que empujaba los restos de lo pacato. Los Violadores compraron estética y protesta, variable artística y connotaciones políticas. El tiempo los hará tambalear y por momentos se condensarán en las corrientes de un nuevo rock argentino comercial y acartonado. Los restos que dejó esta primera oleada, más los resabios de otras tantas como Todos Tus Muertos, no llegaron a imponer un legado fuerte en la escena. Más allá de esporádicas apariciones de grupos minoritarios y cortos en el tiempo, como los hardcore o bandas punk menores, el movimiento no logró asegurarse la vanguardia de la protesta. Los 90' traerán consigo un nuevo frente encabezado por bandas como 2 Minutos: es el surgimiento del rock barrial y el canto a lo inocuo. Así, las letras se perfilan para solventar temas de amores baratos, la birra, el barrio y el fútbol. Pero no el fútbol de "Represión" ("fútbol, asado y vino son las cosas del pueblo argentino") sino el fútbol que marcha hacia el opio.

Police on my back

Finalmente, en la estirpe de lo decible, este análisis lleva a un capítulo aparte comandado por la policía como sujeto social. No existe en el denominado "nuevo punk argentino", una crítica a lo policial como parte de un aparato ideológico althusseriano. La policía aparece en el imaginario de las nuevas bandas como una institución generada para soportar el aparato estatal y ser el brazo armado que ayuda a perpetrar un método de producción opresor en términos marxistas. Ahora se trata de el policía "del barrio", "el que nos viene a sacar porque estamos la birra". "Descarten los tubos, empiezen a correr, la yuta está muy cerca..." (2 Minutos). No es el mismo policía que mató a Santillán o a Kostecki, no es el del gatillo fácil, es una analogía de Matute de Don Gato. "Está todo bien, si no me jode, yo no lo jodo": no se lo cuestiona, se lo asimila y se lo respeta como parte del mismo submundo. Y entonces el punk deja de romperse el lomo para mostrar miserias y se dedica a darle la mano a las FM que "cada tanto le pasan un temita". Son los nuevos tiempos, no sólo en la Argentina sino en el mundo que encabezan los Green Day, mano derecha de la industria cultural.
Q.E.P.D., gracias por todo. El punk ha muerto, y que viva el punk


*Apartado: el valor residual de Flema

Imposible dejar de lado a Flema, la banda del fallecido "Ricky" Espinosa, quien con sus nuevas insignias supo darle, por un instante, el lugar que el punk se merecía. Rolling Stones, el skate, la cumbia, Beethoven y el tetra-break como signos reciclables de una cultura que todo lo desecha. Entender esto es entender, como señala Stuart Hall, la simbología nazi usada por los Sex Pistols.